La seguridad de procesos no es solo aplicar una norma; es entender el riesgo real, priorizar, comunicar bien y proponer medidas que sean técnicamente sólidas y aplicables en planta.

¿Qué te llevó a estudiar Ingeniería Química y qué es lo que más te llamaba de la
carrera?

Elegí Ingeniería Química porque en el instituto me gustaba mucho la química y tuve
una profesora que la explicaba muy bien, lo que hizo que me interesara aún más. Me
atraía entender cómo se transforman las sustancias y cómo ese conocimiento podía
aplicarse en la industria.
También me gustaba la parte práctica de la ingeniería: resolver problemas, buscar
soluciones y aplicar la ciencia a situaciones reales. Por eso la Ingeniería Química
encajaba muy bien conmigo: combina una base científica sólida con una aplicación
directa en procesos e instalaciones industriales.

¿Cómo y qué te llevó a especializarte en seguridad industrial?
La verdad es que llegué a la seguridad de procesos un poco por casualidad. En la
carrera me había especializado en medio ambiente, que era lo que más me motivaba
en ese momento. Sin embargo, empecé a trabajar en una pequeña consultoría
especializada en ATEX y, a partir de ahí, fui entrando cada vez más en el mundo de la
seguridad de procesos y la gestión de riesgos industriales.
Con el tiempo fui evolucionando hacia proyectos más amplios, como análisis de
riesgos, HAZOP, seguridad de reacciones químicas, investigación de incidentes y otros
ámbitos relacionados con la seguridad de procesos. Y descubrí que era un campo que
me encantaba.
Me gusta porque combina conocimiento técnico, criterio práctico e impacto real. No se
trata solo de cumplir una normativa, sino de entender qué puede fallar en una
instalación, cómo prevenirlo y cómo proteger a las personas, el medio ambiente, los
activos y la continuidad del negocio.

Desde tu experiencia y punto de vista, ¿cuál es el papel que desempeñan los
ingenieros químicos en la gestión de la seguridad industrial?

El papel de los ingenieros químicos es clave, especialmente en la seguridad de
procesos. Somos profesionales formados para entender los procesos desde dentro:
las sustancias, las condiciones de operación, las reacciones, los equipos, las
desviaciones posibles y las consecuencias que pueden tener.
Esa visión nos permite conectar la parte técnica con la gestión del riesgo. No basta
con saber que una sustancia es inflamable o tóxica; hay que entender en qué
condiciones se maneja, qué escenarios pueden darse, qué barreras existen y si esas
barreras son suficientes. Ahí el ingeniero químico aporta mucho valor.
Además, podemos actuar como puente entre ingeniería, operaciones, mantenimiento,
prevención, medio ambiente y dirección, ayudando a que las decisiones se tomen con
una visión más completa del riesgo y de la realidad de la planta.


Gran parte de tu carrera profesional la has realizado en DEKRA, empresa en la
que has ido creciendo y ocupando diferentes puestos, ¿qué destacas de cada
uno de ellos?

En DEKRA he tenido la oportunidad de crecer en distintas etapas, y cada una me ha
aportado algo diferente.
Como consultora de seguridad de procesos, destacaría sobre todo el aprendizaje
técnico, trabajando en proyectos de ATEX, HAZOP, análisis de riesgos, investigación
de incidentes o seguridad de reacciones químicas. Esa base sigue siendo muy
importante para mí.
Después, como Directora de Operaciones, aprendí a gestionar equipos, proyectos,
planificación, calidad y relación con clientes, pasando de ejecutar proyectos a asegurar
que el servicio se prestaba con rigor técnico y de forma sostenible.
Como Directora de Process Safety España, destacaría el desarrollo del negocio y del
equipo, posicionando la seguridad de procesos como un servicio estratégico para la
industria y formando especialistas en un ámbito muy técnico.
Y en mi etapa actual como Directora de Advisory and Training España, el reto es más
amplio: combinar consultoría, formación, sostenibilidad, seguridad de procesos,
desarrollo comercial, gestión de personas y resultados, manteniendo siempre equipos
sólidos y calidad técnica.

¿Crees que la formación que reciben los ingenieros químicos les prepara para
abordar los diferentes desafíos que se dan en seguridad industrial?

La formación de un ingeniero químico da una base muy buena para trabajar en
seguridad de procesos, porque permite entender los procesos, las sustancias, los
balances, las operaciones unitarias y los fenómenos que pueden generar riesgo.
Pero creo que esa base debe completarse con formación específica en seguridad de
procesos. En la universidad se adquieren los fundamentos técnicos, pero después
hace falta aprender metodologías concretas: HAZOP, LOPA, SIL, ATEX, análisis
cuantitativo del riesgos… así como las bases de un sistema de gestión de la seguridad
de procesos (PSM)
También es importante que los ingenieros desarrollen criterio práctico. La seguridad de
procesos no es solo aplicar una norma; es entender el riesgo real, priorizar, comunicar
bien y proponer medidas que sean técnicamente sólidas y aplicables en planta.


¿Cuáles son los riesgos más comunes con los que os encontráis en los
entornos industriales, y qué estrategias se utilizan para identificarlos y
mitigarlos?

Los riesgos dependen mucho del sector, pero suelen estar relacionados con
sustancias inflamables, explosivas, tóxicas o reactivas, pérdidas de contención, fallos
de equipos críticos, errores humanos o cambios mal gestionados.
Para identificarlos se utilizan metodologías como HAZID, HAZOP, What-if, ATEX,
estudios de consecuencias, LOPA o SIL, además del aprendizaje de incidentes y casi
incidentes.
Para mitigarlos, la clave es combinar varias capas de protección: buen diseño,
medidas técnicas, procedimientos claros, mantenimiento, gestión del cambio y cultura
de seguridad. Pero una de las barreras más importantes es contar con profesionales
bien formados, capaces de entender el proceso, anticipar desviaciones y tomar
buenas decisiones. Ahí los ingenieros químicos tenemos un papel muy relevante.


¿Cuál es el papel que está teniendo la digitalización, el análisis de datos o los
gemelos digitales en la gestión de los riesgos químicos?

La digitalización está empezando a tener un papel cada vez más importante, aunque
la madurez varía mucho entre empresas. El análisis de datos puede ayudar a detectar
tendencias, anticipar desviaciones, mejorar el seguimiento de acciones, gestionar
indicadores y tomar decisiones más basadas en evidencias.
Los gemelos digitales y las herramientas avanzadas pueden aportar valor en
simulación de escenarios, mantenimiento predictivo, evaluación de consecuencias o
gestión dinámica del riesgo. Pero hay que ser prudentes: la tecnología no sustituye al
conocimiento técnico. Si los datos son malos, si el modelo no está bien definido o si la
organización no sabe interpretar los resultados, la herramienta puede generar una
falsa sensación de control.
Para mí, la digitalización debe venir después de tener claras las bases: procesos bien
conocidos, riesgos identificados, barreras definidas, responsabilidades claras y una
buena cultura de seguridad. Sobre esa base, la tecnología puede acelerar, mejorar y
hacer más eficiente la gestión del riesgo.


En el momento actual, en el que muchas empresas están en plena transición
energética hacia la sostenibilidad, ¿cuáles son los nuevos retos y cómo afectan
a la gestión de seguridad de la industria?

La transición energética está generando retos muy relevantes para la seguridad de
procesos. Muchas empresas están incorporando nuevas tecnologías, nuevas materias
primas y nuevas moléculas, como hidrógeno, biometano, biocombustibles, baterías o
combustibles sintéticos. En algunos casos, los riesgos son conocidos por la industria
química o energética; en otros, hay sectores que van a empezar a trabajar con
sustancias o procesos con los que tienen menos experiencia.
El principal reto es avanzar rápido, pero de forma segura. La presión regulatoria, los
objetivos de descarbonización y la presión social son muy fuertes, pero no pueden
llevar a implantar soluciones sin entender bien los riesgos. La sostenibilidad no puede
separarse de la seguridad.
También hay un reto de competencias. Se necesitan profesionales capaces de
entender las nuevas tecnologías, evaluar su certificabilidad, analizar riesgos desde
fases tempranas de diseño y acompañar a las empresas durante ingeniería,
construcción, puesta en marcha y operación.
En este contexto, la seguridad de procesos debe integrarse desde el inicio de los
proyectos, no revisarse al final. Hacerlo tarde suele generar costes, retrasos y
decisiones difíciles de corregir.


Por último, nos gustaría que dejaras un mensaje, tanto a estudiantes de
ingeniería química, como a los jóvenes profesionales, para que tengan en cuenta
la importancia de la seguridad industrial en su labor diaria.

Mi mensaje sería que la seguridad de procesos no es una especialidad secundaria ni
un requisito administrativo. Es una forma de hacer ingeniería con impacto real.
A los estudiantes y jóvenes profesionales les diría que es un campo exigente, porque
requiere base técnica, curiosidad, criterio y muchas ganas de seguir aprendiendo.
Pero precisamente por eso es muy interesante: te obliga a entender cómo funciona
una planta, qué puede fallar y qué decisiones pueden marcar la diferencia.
También les diría que no subestimen el valor de hacer buenas preguntas. Muchas
veces, una pregunta a tiempo evita un problema mayor. En seguridad de procesos, el
conocimiento técnico es importante, pero también lo es el criterio, la responsabilidad y
la capacidad de anticiparse.
Al final, trabajamos para que las instalaciones sean más seguras, las personas estén
protegidas y las empresas puedan operar de forma responsable. Y eso da mucho
sentido a esta profesión.