“La ingeniería química me enseñó a hacer preguntas útiles antes de buscar respuestas brillantes.”

ENTREVISTA · INGENIERÍA QUÍMICA

Ingeniería química, criterio independiente y decisiones para transformar la industria

La ingeniería química va mucho más allá de los procesos, las plantas o la producción. Es una disciplina que permite comprender cómo se conectan la tecnología, los recursos, la economía y las personas, y que puede desempeñar un papel clave a la hora de afrontar los grandes retos de la industria.

En esta entrevista conversamos con Antonio Fajardo, ingeniero químico y fundador de NEERCH, sobre su trayectoria profesional, el valor de una mirada independiente y la importancia de tomar decisiones con criterio en un entorno industrial cada vez más complejo.

Hablamos de innovación y escalado tecnológico, de sostenibilidad, descarbonización y economía circular, pero también de algo esencial en cualquier proyecto: saber distinguir entre una buena idea y una solución realmente viable.

Una conversación sobre ingeniería, industria y liderazgo que reivindica el papel de los profesionales capaces de conectar conocimiento técnico y visión estratégica para transformar las ideas en decisiones y las decisiones en resultados.

01

¿Qué te llevó a estudiar Ingeniería Química y qué aprendizajes de aquella etapa siguen presentes hoy en tu forma de trabajar?

Tenía claro que quería ser ingeniero o arquitecto, pero no sabía cuál elegir. Poco después de la selectividad cayó en mis manos una entrevista a un ingeniero químico que había llegado a dirigir una gran empresa que en ese momento era número 1 en el ranking mundial. Me llamó la atención que una formación tan técnica pudiera abrir camino también hacia decisiones de negocio y liderazgo.

Con los años he entendido que esa versatilidad no consiste en saber de todo. Consiste en aprender a mirar un problema desde varios ángulos y conectar lo que ocurre en un proceso con sus efectos en las personas, los recursos y el mercado. En mi tierra diríamos que servimos «para un roto y para un descosio».

La ingeniería química me enseñó a hacer preguntas útiles antes de buscar respuestas brillantes.
02

Después de una trayectoria en grandes compañías industriales, decidiste desarrollar una actividad independiente a través de NEERCH. ¿Por qué ese paso y qué cambia cuando pasas de estar dentro de una organización a aportar tu perspectiva desde fuera?

NEERCH no nació de un plan perfectamente trazado. Fue tomando forma por etapas. Había alcanzado una posición profesional que había deseado durante años, pero empecé a sentir que mis siguientes oportunidades dependían más de la estructura de la compañía que de lo que yo podía aportar. También necesitaba más flexibilidad en mi vida personal. Decidí explorar otra manera de trabajar.

La independencia te da libertad, pero te pide asumir la responsabilidad de tu criterio. Dentro de una gran organización las decisiones se construyen entre muchas personas. Cuando trabajas por cuenta propia, tu análisis lleva tu nombre.

Eso me obliga a escuchar mejor, contrastar más y decir con honestidad qué sabemos, qué todavía no sabemos y qué implican ambas cosas. Con NEERCH acompaño a empresas e inversores cuando una decisión sobre tecnología, activos o crecimiento necesita esa mirada industrial independiente.

03

Cuando hablamos de un ingeniero químico, normalmente pensamos en procesos, plantas o producción. ¿Qué puede aportar hoy un ingeniero químico a una empresa más allá de la dimensión puramente técnica?

A veces todavía nos imaginan trabajando únicamente en un laboratorio. En realidad, una de nuestras mayores aportaciones es entender las conexiones: entre materias primas y costes, entre diseño y operación, entre eficiencia y seguridad, entre una mejora técnica y su aceptación por el mercado.

Eso importa especialmente cuando una empresa quiere innovar o reducir su impacto ambiental. Una solución puede funcionar técnicamente y, aun así, depender de un recurso escaso, consumir demasiada energía o resultar difícil de integrar en una planta existente.

La ingeniería química ayuda a ver el sistema completo, a hacer más con menos y a identificar los compromisos reales.

Esa capacidad de conectar disciplinas también ayuda a decidir dónde invertir, qué rediseñar y qué promesas necesitan todavía pruebas.

04

Una parte importante de tu trabajo consiste en analizar tecnologías que se encuentran entre el laboratorio y la realidad industrial, especialmente en los niveles TRL 3 a 7. ¿Por qué es precisamente en ese punto donde muchos proyectos encuentran sus mayores dificultades?

Porque es el momento en que una idea prometedora se encuentra con condiciones que el laboratorio no siempre puede reproducir. En pequeña escala puedes controlar las materias primas, la temperatura o los tiempos con mucha precisión. Al crecer aparecen variaciones, problemas de transferencia de calor, rendimientos distintos, mantenimiento, seguridad, suministro y costes energéticos.

Todo el mundo tiene un plan hasta recibir el primer golpe en la cara.

En innovación industrial, ese golpe suele llegar al escalar. No significa que la tecnología sea mala; significa que aún debe demostrar cómo se comporta fuera del entorno protegido donde nació.

A veces hay que dar un paso atrás y rediseñar antes de seguir invirtiendo. Mi trabajo es ayudar a distinguir entre un problema que puede resolverse y una limitación que cambia la viabilidad del proyecto. Detectarlo a tiempo protege recursos y también da a una buena idea una oportunidad más real de prosperar.

05

Sueles decir que el problema no es tanto la falta de información como la falta de claridad para decidir. ¿Qué haces para transformar la complejidad técnica, industrial, económica y regulatoria en una decisión clara y defendible?

Recuerdo entrar por primera vez en una sala de control y ver decenas de señales en las pantallas. Había datos por todas partes, pero yo todavía no sabía cuáles explicaban lo que estaba ocurriendo.

En las decisiones estratégicas pasa algo parecido: informes extensos, opiniones fundadas y otras menos fundadas, intereses legítimos y plazos que aprietan.

Empiezo por formular la decisión concreta. Después separo los hechos de los supuestos, contrasto lo que dicen los documentos con lo que saben quienes operan o desarrollan la tecnología, e identifico las pocas variables capaces de cambiar la conclusión.

El resultado no tiene que ser una falsa certeza. Tiene que ser una explicación que permita decir: «Estos son los riesgos, este es su peso y estas son las opciones».

Así una decisión puede discutirse y defenderse con criterio.

06

Desde una posición independiente, ¿qué crees que puedes aportar a una empresa o a un inversor que quizá sea difícil obtener desde dentro de la propia organización?

Los equipos internos conocen su negocio mejor que nadie. Precisamente por estar tan cerca, a veces les cuesta ver una hipótesis que se ha vuelto costumbre o cuestionar una promesa en la que ya se ha invertido mucho tiempo y energía.

Una mirada externa puede hacer preguntas sencillas que abren una conversación distinta.

Mi aportación consiste en contrastar la historia del proyecto con su realidad: qué capacidad demuestra una planta, qué falta para escalar una tecnología, dónde se crea valor y qué restricciones podrían cambiar una inversión.

«No lo habíamos visto así».

Uno de los comentarios que más valoro es ese. No porque yo tenga una respuesta mágica, sino porque una pieza que parecía secundaria puede cambiar la imagen completa.

07

La industria química está viviendo una transformación profunda alrededor de la sostenibilidad, la descarbonización, la economía circular y las nuevas tecnologías. ¿Qué oportunidades ves realmente y dónde crees que existe todavía una distancia importante entre las expectativas y la realidad industrial?

Veo oportunidades reales en nuevos materiales, eficiencia de recursos, electrificación de procesos, captura y uso de carbono y combustibles de menor impacto, entre otras.

Pero transformar una industria construida durante generaciones exige más que demostrar que algo funciona en un piloto. Hay que asegurar materias primas, energía, infraestructura, clientes y un modelo económico capaz de sostener la escala.

La ambición ambiental necesita rigor industrial.

La distancia aparece cuando confundimos una posibilidad técnica con una solución ya desplegable. El paso de una aplicación pequeña a una adopción amplia revela límites que al principio apenas se ven.

Por eso conviene preguntar no solo «¿puede funcionar?», sino «¿para quién, a qué coste, con qué recursos y en qué plazo?».

También debemos acortar el tiempo entre aprender, decidir y llevar un producto al mercado. Cuando juntamos ambición ambiental y rigor industrial, las empresas pueden orientar mejor sus inversiones y avanzar sin perder de vista la competitividad.

08

Háblanos de FEPIQ. ¿Qué aporta a nuestra profesión?

FEPIQ da una voz colectiva a profesionales que, por separado, difícilmente estaríamos presentes en ciertas conversaciones institucionales.

Queremos que la ingeniería química participe en las decisiones sobre industria, energía, sostenibilidad y formación, porque conocemos de cerca tanto el potencial de las soluciones como las dificultades para llevarlas a la práctica.

También tenemos una responsabilidad con las nuevas generaciones. No basta con hablarles de los grandes retos: debemos ayudarles a comprender qué formación necesitan, mostrarles la diversidad de caminos profesionales y abrir espacios donde puedan contribuir.

Las palabras movilizan, pero las transformaciones se construyen con personas preparadas, colaboración y decisiones sostenibles en el tiempo.
09

Después de tu experiencia en grandes compañías, tu actividad independiente y tu trabajo en formación y coaching ejecutivo, ¿qué has aprendido sobre la toma de decisiones?

He aprendido que decidir no es solo un ejercicio de análisis. La cultura de un país, la dinámica de un equipo y la historia personal de quien tiene que decidir influyen mucho.

Hay personas que avanzan antes de entender bien las consecuencias y otras que esperan una seguridad imposible. He reconocido ambas tendencias en equipos, individuos y en mí mismo.

Como ingeniero, me interesa saber qué evidencia falta y qué puede salir mal. Como coach, me interesa escuchar qué está impidiendo a la persona dar el siguiente paso.

Las dos miradas se complementan: un buen análisis no sirve si nadie puede convertirlo en acción, y la valentía sin examen de la realidad puede salir cara.

Decidir bien significa reconocer la incertidumbre, escuchar perspectivas distintas, aclarar qué riesgo estamos dispuestos a asumir y hacernos responsables de lo que venga después.

Decidir bien es la diferencia entre la osadía y la temeridad.

10

Si tuvieras que dar un único consejo a un joven profesional de la ingeniería química que empieza hoy su carrera, ¿cuál sería?

No me gusta dar consejos universales. Cada persona parte de circunstancias distintas, y el mundo que encuentra un recién graduado hoy no es el que encontré yo.

Pero, si tuviera que elegir uno, diría:

Rodéate de personas que te inspiren, te cuestionen con respeto y hagan cosas que aún no sabes hacer.

Aprende de quienes están en la planta, en el laboratorio, frente a un cliente o construyendo un negocio. Escúchalos de verdad.

Tu formación te dará herramientas; las personas con las que trabajes te ayudarán a entender cuándo y cómo usarlas. Con el tiempo, la calidad de esas conversaciones influirá tanto en tu crecimiento como en la calidad de tus decisiones.

Antonio Fajardo · Ingeniería química, criterio independiente y decisiones para transformar la industria.

Paula Martínez